Saturday, February 4, 2012
gente de Mierda
PUTA LA GENTE DE MIERDA. HIJOS DE PUTA. VÁYANSE A LA CONCHA DE SU MADRE TODOS USTEDES. gracias.
qué nacimiento
Váyanse de aquí, gritó indignada. Fuera!
No quería escuchar ni una palabra más. Estaba harta de pensar como las cosas deberían ser y no de que fueran. El presente le era algo ajeno. Siempre estaba en otro lugar, mirando.
De qué nacimiento le hablaban! pensó.
Ella ya había nacido. Sí. iba a tener que cargar con todo su pasado. Si quería partir de nuevo no sería en blanco.
Se sentía llena de ideas en la cabeza, pero en realidad no era más que una. No sabía cuál, desde luego. Pero sabía que no había mucho más.
Salió de su casa con rabia. Esperaba que el paisaje y las gentes caminando distrajeran su atención. Aunque era verano y el ambiente estaba cálido, había nubes. Parecía que iba a llover. Fue lo único que la calmó.
Sabía que esta no era una solución. Al parecer ella no conocía la salida de aquel laberinto. Es es tan complejo. Le daba la impresión de que nadie sabía de qué pasaba. Una palabra más y explotaba. Se imaginó que agarraba una pistola y le les disparaba a todos. Los mataba. Al fin no habría más deberes.
O mejor aún, se imaginó ahora que con esa misma pistola, apuntaba hacia sí misma y todo terminaría. Era la solución más efectiva. No quería dañar a otros. Sólo tenía rabia.
Miró el semáforo. El hombrecito tintineaba. Cambió a verde y cruzó con la vista hacia abajo. No quería enfrentar la mirada de nadie en ese momento.
No quería escuchar ni una palabra más. Estaba harta de pensar como las cosas deberían ser y no de que fueran. El presente le era algo ajeno. Siempre estaba en otro lugar, mirando.
De qué nacimiento le hablaban! pensó.
Ella ya había nacido. Sí. iba a tener que cargar con todo su pasado. Si quería partir de nuevo no sería en blanco.
Se sentía llena de ideas en la cabeza, pero en realidad no era más que una. No sabía cuál, desde luego. Pero sabía que no había mucho más.
Salió de su casa con rabia. Esperaba que el paisaje y las gentes caminando distrajeran su atención. Aunque era verano y el ambiente estaba cálido, había nubes. Parecía que iba a llover. Fue lo único que la calmó.
Sabía que esta no era una solución. Al parecer ella no conocía la salida de aquel laberinto. Es es tan complejo. Le daba la impresión de que nadie sabía de qué pasaba. Una palabra más y explotaba. Se imaginó que agarraba una pistola y le les disparaba a todos. Los mataba. Al fin no habría más deberes.
O mejor aún, se imaginó ahora que con esa misma pistola, apuntaba hacia sí misma y todo terminaría. Era la solución más efectiva. No quería dañar a otros. Sólo tenía rabia.
Miró el semáforo. El hombrecito tintineaba. Cambió a verde y cruzó con la vista hacia abajo. No quería enfrentar la mirada de nadie en ese momento.
desencanto
Se despertó en la mañana con la esperanza de que algo hubiera cambiado. Pero no. La vida intacta, la aplastaba sin dejarle respirar.
Miró a través de la ventana. Las plantas estaban ahí, moviéndose con la suave y tibia brisa del verano. Bellas, vitales e inertes, mostraban su verde intenso sin saber de nada.
Esperó 15 minutos antes de levantarse. Aún esperaba que mágicamente algo cambiara.
Se paró, se miró en el espejo y no vio más que una chiquilla triste, desgarbada, a punto de sucumbir frente a ella misma.
Cansada de sentir a su corazón latir como si supiera de qué trata esta vida, bajó las escaleras y sucedió. El momento había llegado.
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